Respuesta rápida: no hace falta salir de luna de miel al día siguiente de la boda y, para la mayoría de las parejas, irse entre una y tres semanas después funciona mejor: subirse a un avión con la energía que queda de la boda cuesta los tres primeros días del viaje. Para elegir destino hay una regla que resuelve casi todo: el tiempo de vuelo no debería pasar de una décima parte del viaje. Un vuelo de diez horas para cinco días no sale a cuenta. Y presupuéstala aparte: la luna de miel planificada con lo que sobra de la boda es lo primero que se recorta.
¿Cuándo irse?
La respuesta clásica es al día siguiente, pero en la práctica se paga caro. La noche de la boda es el final de un maratón; seguir con maletas, traslados y check-in hace que casi todas las parejas se pasen durmiendo el principio de las vacaciones. Hay tres fórmulas y todas valen.
- Salir enseguida (uno a tres días después): tiene sentido si los días libres son pocos y no hay una ronda larga de visitas familiares. Coge un vuelo de tarde, nunca de primera hora.
- Retraso corto (una a tres semanas): la opción más equilibrada. Se cierran los pendientes de la boda (agradecimientos, proveedores, regalos) y se sale descansado.
- Miniluna y viaje grande: dos o tres noches cerca justo después de la boda y el viaje largo unos meses más tarde. Es la mejor manera de repartir el gasto y pillar temporada baja.
Para ver qué te espera después del enlace, echa un vistazo a qué hacer después de la boda; elegir la fecha mirando esa lista es lo más sencillo.
Elegir destino: tres preguntas
La respuesta a dónde vamos no está en una lista de destinos, está en vuestras respuestas. Tres preguntas descartan casi todas las opciones.
- ¿Cuántos días tenéis? Por debajo de siete, fuera los vuelos largos y las rutas con varias paradas. Quedarse en un sitio descansa más que ver dos ciudades.
- ¿Queréis descansar o recorrer? Quien intenta meter las dos cosas en un mismo viaje suele quedarse corto en ambas. Si queréis las dos, poned el orden correcto: primero la ruta, después la playa.
- ¿En qué temporada estará el destino? Unas vacaciones de isla en plena época de lluvias son la versión más cara del mismo dinero. Si las fechas son fijas, elegid el destino por la temporada y no al revés.
La decisión de la que más se arrepienten las parejas es querer ver demasiados sitios en pocos días. Cada día que se pasa haciendo la maleta es un día menos de viaje.
Presupuesto: dónde está el gasto real
El presupuesto de la luna de miel no es vuelo más hotel: cerca de la mitad se gasta una vez allí. Planteadlo como el de la boda — lo más sano es mantenerla como una línea propia en la calculadora de presupuesto de boda.
- Vuelos y alojamiento: alrededor de la mitad del total. Mover el viaje una semana fuera de temporada alta cambia el precio de forma visible.
- Gasto sobre el terreno: comidas, traslados, excursiones, entradas. Es la partida que siempre se queda corta.
- Los invisibles: seguro de viaje, visados, maletas facturadas, cambio de divisa y comisiones de tarjeta.
- Aportación al viaje: que los invitados contribuyan a la luna de miel ya es completamente normal; decidlo en la invitación o en la web de la boda, porque después queda raro.
- Avisad al hotel: indicad que es vuestra luna de miel al reservar. La mejora de habitación nunca está garantizada, pero llega bastante a menudo.
Las fotos: dos cosas a la vez
La luna de miel es a la vez el primer viaje largo en el que os fotografiaréis solo los dos y el periodo en el que todavía siguen llegando fotos de la boda. No las mezcléis, pero mantened las dos en marcha.
- No cerréis el álbum antes de iros. La mayoría de los invitados sube sus fotos los días siguientes a la boda; dejad que sigan entrando mientras estáis fuera.
- Mandad un recordatorio antes de volar. Un solo mensaje sube bastante el número de fotos subidas; los métodos están en ideas para recopilar fotos de los invitados.
- Guardad aparte las fotos del viaje. No las mezcléis con el álbum de la boda; a la vuelta, el método de cómo organizar las fotos de boda lo hace mucho más fácil.
- Copia de seguridad cada noche. Un móvil perdido o caído al agua es uno de los percances más frecuentes del viaje.
Última comprobación antes de salir
- El nombre del pasaporte. Si has cambiado de apellido, el billete tiene que coincidir exactamente con el pasaporte. Lo seguro es reservar con el nombre antiguo hasta tener el documento nuevo.
- Visados y requisitos de entrada. Cambian según el país y pueden cambiar a última hora: revisadlo en una fuente oficial una semana antes.
- Seguro de viaje. Imprescindible en trayectos largos; mirad también la cobertura de cancelación.
- Alianzas y joyas. No llevéis las piezas caras; una alianza perdida es la peor anécdota posible.
- Mapas sin conexión y copia de las reservas. Son las dos cosas que hacen falta el día que el móvil se queda sin datos.
Conclusión
La fórmula no tiene misterio: unas semanas después de la boda, un destino que encaje con los días que tenéis y un presupuesto separado del de la boda. Menos sitios y más descanso da mejor viaje casi siempre. Y que el álbum de la boda siga trabajando mientras estáis fuera: crea un evento gratis y encontrad a la vuelta todas las fotos de vuestros invitados reunidas en un mismo sitio.
